A un año de la muerte del papa Francisco: el legado que abrió nuevos espacios para las mujeres en la Iglesia
Académicas de Teología UC reflexionan sobre el impacto del pontificado de Francisco en el reconocimiento del liderazgo, la corresponsabilidad y la dignidad de las mujeres en la Iglesia, a un año de su fallecimiento.

Este 21 de abril se cumple un año desde la muerte del papa Francisco, quien falleció en 2025 a los 88 años a causa de un ictus cerebral que derivó en un colapso cardiovascular irreversible, según informó oficialmente el Vaticano. Su figura, más allá de la coyuntura de su partida, continúa generando reflexión por los procesos de transformación que impulsó en la vida eclesial, particularmente en relación con el lugar de las mujeres en la Iglesia.
Durante su pontificado, Francisco promovió una participación femenina más visible y significativa en los espacios de gobierno y discernimiento eclesial. No se trató solo de gestos simbólicos, sino de cambios concretos en estructuras históricamente reservadas a varones, tanto en la Curia Romana como en los organismos de decisión.
Uno de los hitos más relevantes ocurrió en enero de 2025, cuando el Papa nombró a la religiosa italiana Simona Brambilla como prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, convirtiéndola en la primera mujer en encabezar un dicasterio del Vaticano, organismos equivalentes a los ministerios de un Estado. Este gesto fue ampliamente valorado en distintos espacios eclesiales como una señal concreta del camino que Francisco quiso abrir: una mayor corresponsabilidad femenina en la toma de decisiones y en la conducción institucional de la Iglesia.
Para la vicedecana de la Facultad de Teología UC, Haddy Bello, este tipo de decisiones permitió romper con lógicas de subordinación arraigadas. “El papa Francisco se encargó de promover espacios de liderazgo donde las mujeres pudiéramos estar. Ha permitido que mujeres lideren dicasterios y asuman responsabilidades de gran envergadura, incluso en ámbitos donde eso antes era impensable. Son iniciativas que ayudan a dejar atrás un rol de subyugación para situar a la mujer al frente de tareas y responsabilidades clave”, afirma.
Más allá de los nombramientos, Francisco insistió reiteradamente en que la presencia femenina en la Iglesia no debía entenderse como concesión ni como corrección política. Esa convicción tiene un fundamento teológico profundo, como explica la académica Pilar Río. “El Papa fue muy claro en señalar que el papel de la mujer no es una cuestión de feminismo, sino un derecho que nace del bautismo. Con esto remitía a una fundamentación sacramental y eclesiológica de la participación y corresponsabilidad de la mujer en la vida de la Iglesia”, señala.
Río subraya que esta mirada conecta directamente con la eclesiología del Concilio Vaticano II, especialmente con la noción de Pueblo de Dios, tan valorada por Francisco. “Desde esta perspectiva, toda persona bautizada —hombres y mujeres— posee una dignidad fundamental, una igualdad real y una participación plena en la misión de la Iglesia. El Papa abrió procesos que todavía están en curso y que requieren ser profundizados y asumidos por toda la comunidad eclesial”, añade.
La reflexión académica también subraya una dimensión simbólica y pastoral del pontificado, destacada por Rosa Yáñez, académica de Teología UC, quien relee el legado de Francisco desde una clave femenina. “Su apostolado reforzó con mucha fuerza la imagen de la Iglesia como madre: una Iglesia que acoge, que sale al encuentro de quienes están a la orilla del camino, como lo mostró en Lampedusa, en las cárceles, en sus visitas a territorios devastados por la guerra”, explica.
Para Yáñez, esta comprensión afectiva y relacional de la Iglesia no es secundaria. “Francisco nos invita a volver a leer los textos fundantes, incluido el Concilio Vaticano II, desde una clave de acogida, donde la Iglesia escucha las alegrías, los dolores y las angustias del mundo. En ese sentido, su pontificado ha sido profundamente significativo también desde una mirada femenina”, afirma.
A un año de su muerte, el legado del papa Francisco permanece abierto y en disputa. Las reformas que impulsó en relación con las mujeres no quedaron cerradas ni acabadas, sino que plantean un desafío de continuidad, discernimiento y profundización para la Iglesia del presente y del futuro.
Pocos días antes de su fallecimiento, el propio Francisco condensó esta convicción en una frase espontánea y significativa. El 16 de abril de 2025, durante una audiencia privada en el Vaticano con el personal médico y administrativo del Hospital Policlínico Gemelli —como agradecimiento por la atención recibida durante su neumonía— afirmó: “Cuando mandan las mujeres, las cosas funcionan bien”. Una expresión sencilla, pero elocuente, que hoy muchos releen como un resumen humano y pastoral del camino que buscó abrir en la Iglesia.