Estudiantes UC impulsan iniciativas de inclusión y desarrollo espiritual junto al Hogar de Cristo a través de metodología A+S
El curso “Espiritualidad, Discapacidad e Inclusión” permitió que estudiantes de diversas disciplinas trabajaran junto a siete centros comunitarios de Hogar de Cristo, desarrollando proyectos que promovieron el bienestar, la participación y la dimensión espiritual de personas en situación de discapacidad. La experiencia evidenció el valor de la colaboración interdisciplinaria para transformar realidades y construir comunidades más inclusivas.

“Que estudiantes de distintas carreras puedan poner sus conocimientos al servicio de personas con discapacidad y contribuir al desarrollo de su espiritualidad es una riqueza que debemos seguir potenciando”. Con estas palabras, Francisca López Arias, jefa nacional del equipo de Espiritualidad de Hogar de Cristo, resume el espíritu de una experiencia que durante el semestre unió a estudiantes de diversas disciplinas de la Pontificia Universidad Católica de Chile con comunidades donde la inclusión, el acompañamiento y la búsqueda de sentido forman parte de la vida cotidiana.
A través del curso“Espiritualidad, Discapacidad e Inclusión”, desarrollado bajo la metodología de Aprendizaje y Servicio (A+S), las y los estudiantes dispusieron sus conocimientos al servicio de comunidades reales, diseñando e implementando iniciativas orientadas a fortalecer la inclusión, el bienestar y la vida espiritual de personas en situación de discapacidad. El curso es impartido por el profesor Cristián Núñez, de la Facultad de Teología UC, y la profesora Ana Gutiérrez, de la Facultad de Educación UC.
La experiencia se desarrolló en alianza con el Hogar de Cristo, vinculando a estudiantes con siete centros comunitarios donde conocieron de primera fuente distintas realidades sociales y humanas. Más allá del aprendizaje disciplinar, la iniciativa buscó responder a uno de los desafíos formativos de la Universidad: contribuir a la transformación de Chile desde el encuentro con las personas y el compromiso con el bien común.
“Nuestros estudiantes pudieron estar inmersos en la realidad de siete centros comunitarios del Hogar de Cristo, donde pudieron poner sus saberes al servicio de la comunidad y sus experiencias disciplinares. En la línea de lo que nuestra Universidad quiere, que es transformar Chile a partir de su propia experiencia y de sus propios saberes, se produjo un enriquecimiento mutuo tanto de parte de nuestros estudiantes como de parte de la comunidad”, señala el profesor Cristián Núñez.
Durante el semestre, los equipos desarrollaron propuestas construidas a partir de las necesidades detectadas junto a los socios comunitarios. En muchos casos, los proyectos estuvieron orientados a generar espacios de encuentro, sentido, expresión emocional y acompañamiento espiritual.
Así ocurrió con el trabajo realizado por el grupo de María Barrientos, estudiante de cuarto año de Derecho UC, quienes implementaron la iniciativa“Baúl de Colores” en un centro comunitario de Hogar de Cristo. El proyecto buscó favorecer los vínculos afectivos, las emociones y el reconocimiento mutuo entre los participantes.
“Nosotros tomamos en cuenta en primer lugar las necesidades del centro. A partir de eso realizamos una dinámica donde los participantes podían vincularse afectivamente, transmitir emociones e interactuar entre ellos, muchas veces no desde lo cotidiano, sino desde lo más personal, lo más profundo, para que ellos pudieran conocerse y no tan solo verse”, explica la estudiante.
Barrientos destaca además que la experiencia permitió comprender cómo la espiritualidad puede convertirse en un elemento fundamental para el bienestar y la inclusión. “Muchas veces el sostén de ellos está en la religión, en los símbolos, en rezar, en agradecer. Para ellos es un espacio seguro”, agrega.
El carácter interdisciplinario del curso fue otro de los aspectos más valorados por quienes participaron. Estudiantes provenientes de diversas áreas del conocimiento trabajaron conjuntamente para responder a desafíos complejos, enriqueciendo las propuestas desde múltiples perspectivas.
Para Rodrigo Saavedra, estudiante de Construcción Civil, la experiencia significó acercarse a realidades poco visibles y comprender la importancia del reconocimiento y la dignidad de cada persona.
“El curso me permitió conocer muchas realidades que habitualmente uno no está relacionado en poder conocer. Pudimos ayudar a la gente mediante actividades y hacer un aporte a la comunidad”, comenta.
Uno de los proyectos en los que participó surgió tras el fallecimiento de dos usuarios de un centro de Hogar de Cristo. Junto al equipo y los funcionarios, los estudiantes desarrollaron un espacio destinado a acompañar los procesos de duelo y reflexión de la comunidad.
“Hicimos un lugar donde se pudiera vivir el duelo, con distintos símbolos y elementos espirituales. Después realizamos una actividad para que los participantes pudieran expresar su sentido de pertenencia. Vivir el día a día con estas personas me impactó profundamente y me permitió comprender que muchas veces se sienten poco visibilizadas. Nosotros quisimos contribuir a cambiar esa mirada y recordar que todos somos iguales”, relata.
Desde Hogar de Cristo, la evaluación de la alianza es ampliamente positiva. Francisca López Arias destaca que las intervenciones realizadas por los estudiantes generaron experiencias significativas tanto para las comunidades como para los propios participantes del curso.
“Ha sido un semestre muy enriquecedor y de gran provecho. Se han podido implementar experiencias transformadoras que favorecen iniciativas de sentido, bienestar y mejoramiento de espacios. Estamos muy agradecidos por esta experiencia que deseamos seguir continuando en los semestres que vienen”, señala.
Asimismo, subraya la importancia de generar encuentros entre distintas disciplinas para abordar los desafíos de inclusión que enfrenta la sociedad. “El que podamos hacer conversar las distintas disciplinas es una apuesta por enriquecer las propuestas. Gracias a la creatividad y al trabajo colaborativo se han generado proyectos que han dado muchísimo fruto. Que estudiantes de distintas carreras puedan ofrecer un servicio que apueste por el enriquecimiento de la espiritualidad y de la inclusión para personas con discapacidad es una riqueza que hay que seguir potenciando”, concluye.
A través de esta experiencia de Aprendizaje y Servicio, estudiantes, académicos y socios comunitarios demostraron que la formación universitaria puede trascender las salas de clase para convertirse en una herramienta concreta de transformación social, promoviendo una sociedad más inclusiva, participativa y consciente de la dignidad de todas las personas.







