El aura no nació en tiktok: la historia religiosa detrás del fenómeno viral

31 de Agosto 2026

La tendencia de “farmear aura” suma millones de reproducciones en redes sociales, pero la idea de representar visualmente esa presencia especial o transformadora existe desde mucho antes que TikTok. Teólogos de la UC explican cómo el arte cristiano lleva siglos reflexionando sobre aquello que hoy internet llama simplemente “aura”.

Si has pasado algunos minutos en TikTok, Instagram o X durante las últimas semanas, probablemente te has encontrado con videos de jóvenes participando en las llamadas batallas de aura. Gestos calculados, poses llamativas y movimientos precisos buscan demostrar quién proyecta más presencia, carisma o impacto frente a los demás.

La tendencia gira en torno al concepto de farmear aura. El término combina la palabra inglesa farming (cultivar) con el lenguaje de los videojuegos, donde “farmear” significa acumular recursos o experiencia para avanzar y subir de nivel. Trasladada al mundo digital, la expresión alude a la capacidad de construir una imagen poderosa, atractiva o magnética ante una audiencia.

Pero, ¿qué es realmente el aura? ¿Y por qué la idea de representarla visualmente resulta tan familiar?

Desde una perspectiva histórica y religiosa, el concepto tiene raíces mucho más antiguas que las redes sociales.

Mucho antes de TikTok

La representación de figuras rodeadas por un halo de luz aparece en distintas culturas y tradiciones religiosas de la antigüedad. En el cristianismo, esta imagen se desarrolló especialmente a través de la iconografía, convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la santidad.

Según explica Rodrigo Álvarez, académico de Teología UC, la iconografía cristiana comenzó a utilizar elementos visibles para expresar una realidad espiritual. “A partir de la Alta Edad Media se ha querido representar gráficamente o iconográficamente la santidad mediante este recurso que llamamos aureola o nimbo, que da cuenta justamente que esa persona ha alcanzado una unión con Cristo y que la hace distinguirse de las demás personas”.

El nimbo o aureola corresponde al círculo luminoso que se representa alrededor de la cabeza de Cristo, la Virgen María y los santos. Más que un elemento decorativo, cumple una función simbólica: mostrar una santidad que no siempre puede percibirse a simple vista.

La luz como signo de transformación

La presencia de esa luz en las representaciones religiosas remite a una larga tradición bíblica y teológica. De acuerdo con Álvarez, uno de sus antecedentes puede encontrarse en el relato del libro del Éxodo, cuando Moisés desciende de su encuentro con Dios irradiando luz en su rostro.

Desde entonces, la iconografía cristiana desarrolló diversos modos de expresar visualmente esa cercanía con lo divino. En el caso de Cristo, por ejemplo, la aureola suele incorporar una cruz para destacar su identidad dentro de la tradición cristiana, mientras que otros elementos permiten distinguir las representaciones de la Virgen María y los santos.

La asociación entre luz y santidad terminó convirtiéndose en uno de los códigos visuales más universales del arte religioso.

Más que una imagen: una experiencia de transformación

Para Federico Aguirre, académico de Teología UC y pintor de íconos religiosos, la aureola no busca representar una energía misteriosa ni una irradiación física del cuerpo, sino una transformación mucho más profunda.

“El aura, en el caso de la imagen de culto cristiana, da cuenta de una experiencia del ser humano transformado por la gracia de Dios. En el fondo se trata de mostrar algo que la Iglesia, la comunidad creyente, ha visto y ha percibido”.

Según explica, esta representación visual está vinculada a uno de los temas centrales del cristianismo: la posibilidad de que la persona participe plenamente de la vida divina sin dejar de ser humana.

“En el Evangelio queda muy claro que ser Dios significa servir, significa sacrificarse, significa compartir la vida con, sobre todo, los más sencillos y los más pobres”.

Desde esta perspectiva, la luz que aparece en los íconos religiosos expresa una existencia transformada por el encuentro con Dios y orientada al servicio de los demás.

El aura en las redes y el aura en la tradición cristiana

Aunque el fenómeno viral y la iconografía religiosa comparten la palabra “aura”, ambos conceptos responden a lógicas diferentes.

Mientras las redes sociales entienden el aura como una forma de presencia, carisma o influencia percibida por los demás, la tradición cristiana la relaciona con una transformación interior que se manifiesta exteriormente.

En otras palabras, una busca destacar ante la mirada de otros; la otra intenta expresar una vida configurada por valores como la entrega, el servicio y la santidad.

La reflexión también alcanza al mundo del arte. Aguirre recuerda que el filósofo Walter Benjamin hablaba del “aura” de las obras artísticas para describir aquello que las hace únicas e irrepetibles.

“El arte es una expresión de la búsqueda de Dios”, afirma el académico, subrayando que toda creación artística pone en juego preguntas fundamentales sobre el ser humano, el sentido y la trascendencia.

¿Una simple moda o una forma de expresión?

Frente a las críticas que suelen recibir estas tendencias en redes sociales, Federico Aguirre invita a observar el fenómeno desde una perspectiva más amplia. A su juicio, detrás de estas prácticas también existen búsquedas humanas relacionadas con la identidad, la creatividad y la necesidad de expresarse ante los demás.

“Ha habido cierta mirada negativa o de desprecio hacia estas cosas que hacen los jóvenes. Pero hay que considerar que el origen de muchas expresiones artísticas y religiosas es precisamente el juego”, explica.

Según el académico, la cultura es un fenómeno dinámico en el que las formas de entretenimiento, creación y búsqueda de sentido suelen entrelazarse. Por eso, más que desestimar el fenómeno, propone preguntarse qué expresa sobre quienes participan en él.

“Hay que comprender que la cultura es un fenómeno dinámico donde el juego se entrelaza con las búsquedas espirituales del ser humano. Para los jóvenes, esta es una forma de demostrar su personalidad, quiénes son, cómo se mueven y cómo se expresan”.

Desde esa perspectiva, las actuales batallas de aura podrían entenderse también como una manifestación contemporánea de algo profundamente humano: el deseo de ser reconocidos, expresar una identidad y proyectar aquello que consideramos valioso de nosotros mismos.

Una tendencia viral que abre preguntas antiguas

Las batallas de aura pasarán y probablemente serán reemplazadas por nuevas tendencias digitales. Sin embargo, la fascinación por aquello que hace especial a una persona parece mucho más antigua que cualquier algoritmo.

Mucho antes de TikTok, los videojuegos o las redes sociales, el arte religioso ya intentaba representar visualmente una presencia capaz de transformar la vida humana. Lo hacía mediante círculos dorados, nimbos y aureolas que buscaban expresar una realidad invisible: la experiencia de una vida tocada por la gracia.

Quizás por eso el éxito de esta tendencia resulta tan llamativo. Detrás de poses, gestos y competencia por destacar, sigue apareciendo una pregunta que ha acompañado a la humanidad durante siglos: ¿qué es aquello que realmente nos hace brillar?